VOLCÁN TUNGURAHUA

 

1.    PROCESO ERUPTIVO DEL VOLCAN TUNGURAHUA


Las erupciones del Tungurahua son de tipo estromboliano (caracterizado por erupciones explosivas separadas por periodos de calma de extensión variable).
Todas las erupciones históricas se originaron en el cráter de la cumbre y han ido acompañadas de fuertes explosiones, flujos piroclásticos  y, a veces, flujos de lava. En los últimos 1.300 años el Tungurahua entró en fase de actividad cada 80 o 100 años, siendo las principales en 1773, 1886 y 1916-1918 la última erupción ha sido registrada desde hace ya casi 16 años la misma que tuvo sus inicios en el año de  1999 desde el mes de septiembre y se mantiene en erupción hasta hoy en día, teniendo episodios violentos el 14 de julio de 2006, 16 de agosto de 2006, 28 de mayo de 2008, 26 de abril de 2010, 20 y 21 de agosto del 2012; 6 y 10 de mayo del 2013 desde la parroquia Cotaló, cantón Pelileo, se observó cómo el volcán Tungurahua seguía expulsando rocas incandescentes y generando explosiones como parte de su proceso eruptivo, aunque la intensidad se mantuvo moderada, el 1 de febrero del 2014 se declaró la alerta naranja en nuestra Parroquia por considerarla  de alto riesgo , el 13 de noviembre del 2015, las poblaciones de Cotaló, Quero Cevallos y parte de  Chimborazo, registraron las caídas de ceniza más fuerte en los últimos cuatro años.

a.      GASES VOLCÁNICOS

Antes, durante y después de una erupción volcánica, es común detectar un notable aumento en la cantidad y tipo de gases emitidos por el volcán. Tales gases consisten principalmente de vapor de agua; sin embargo, casi siempre existen también cantidades variables de otros gases peligrosos para las personas y los animales como SO2 (dióxido de azufre), CO2 (dióxido de carbono), o el CO (monóxido de carbono). En las zonas donde soplan continuamente vientos fuertes, estos gases se dispersan rápidamente; no obstante, en depresiones y partes bajas, estos gases se pueden acumular y alcanzar concentraciones letales. Por otro lado, existen gases tóxicos como el flúor y el azufre que se adhieren a la ceniza y producen la contaminación del suelo y las aguas. Adicionalmente, los gases de una columna eruptiva pueden mezclarse con el agua atmosférica provocando lluvias ácidas que pueden afectar a las plantas y animales, así como los techos de zinc y otros materiales metálicos (que pueden sufrir una fuerte corrosión). En algunas ocasiones durante el presente período eruptivo (1999 –hasta la fecha– 2005) se ha reportado olor a azufre en las partes bajas del volcán (especialmente en los sectores de Juive Grande y en el flanco occidental); sin embargo, las concentraciones de 2. Tipos de fenómenos volcánicos observados en el volcán Tungurahua 20 gas son muy bajas, por lo cual se puede excluir un efecto negativo sobre los seres vivos.

b.    CAÍDA DE PIROCLASTOS

Descripción:
Durante una erupción volcánica los gases y el material piroclástico (ceniza, fragmentos de roca y piedra pómez) son expulsados desde el cráter. Los fragmentos más grandes siguen trayectorias balísticas y caen cerca del cráter, generalmente sobre las partes altas del volcán. Mientras que las partículas más pequeñas son llevadas por el viento y caen a mayor distancia del mismo, cubriendo grandes áreas cercanas al volcán, con una capa de varios milímetros o centímetros de material piroclástico. Las erupciones que producen piroclastos varían desde explosiones pequeñas, de pocos minutos de duración y que expulsan el material hasta pocos cientos de metros sobre el cráter, hasta grandes explosiones que pueden durar varias decenas de minutos y que inyectan material piroclástico a la atmósfera hasta varias decenas de kilómetros de altura.

Historia:
 En las erupciones pasadas del Tungurahua, las caídas de ceniza y piroclastos han tenido una distribución limitada y sus espesores han sido pequeños. Sin embargo, como se evidenció en la erupción de agosto de 2001, un volumen relativamente pequeño de ceniza emitida (del orden de 5-6 millones de metros cúbicos, Le Pennec, et al., 2004b y 2002), puede provocar daños considerables a los cultivos, así como alterar seriamente la vida de personas y animales y la economía local y regional.
Peligros: El material piroclástico cubre una superficie generalmente de forma elíptica, que se puede extender hasta cientos de kilómetros en la dirección del viento, y cuyo espesor disminuye progresivamente 21 desde el volcán. Así, la peligrosidad de este fenómeno estará determinada por el volumen de material emitido, la intensidad y duración de la erupción, la dirección y la velocidad del viento y la distancia al punto de emisión. El impacto de la caída de piroclastos depende principalmente del espesor de material acumulado. La afectación sobre la población empieza a hacerse presente con espesores pequeños, menores a 1 mm de ceniza y se incrementa sustancialmente si la ceniza se mezcla con agua. Los efectos producidos por las caídas de ceniza incluyen problemas de salud (irritación de los ojos y de las vías respiratorias), problemas con el ganado, destrucción de plantas, daños en los motores (vehículos, aviones, maquinarias en general, transformadores, etc.), contaminación de fuentes y reservorios de agua, y en caso de caídas importantes, problemas de visibilidad, riesgos de colapso de los techos.


c.      FLUJOS DE LODO Y ESCOMBROS (LAHARES)

Definición:

Los lahares son mezclas de materiales volcánicos (rocas, pómez, arena), arrastrados por el agua proveniente de la fusión del casquete glaciar, de la ruptura de un lago ubicado en un cráter o de fuertes lluvias. Estos flujos se mueven ladera abajo por la fuerza de la gravedad, a grandes velocidades (hasta 100 km/h) y siguiendo los drenajes existentes. Los lahares se forman cuando masas sueltas de escombros no consolidados, tales como ceniza depositada en los flancos de un volcán, depósitos glaciares, escombros de flujos piroclásticos y de avalanchas de roca, se saturan de agua y comienzan a movilizarse. El tamaño del material movilizado por estos flujos es muy variable, pudiendo ser desde arcilla o arena hasta bloques de varios metros de diámetro. En el caso del Tungurahua, el agua puede provenir de la lluvia o de la fusión de la nieve o hielo del casquete glaciar.

Historia:

 Eventos de este tipo han ocurrido en innumerables ocasiones en el pasado reciente del Tungurahua, especialmente en los valles de Ulba, Vazcún, así como en los drenajes del flanco occidental y en el río Puela al sur y suroccidente del volcán. N. Martínez (1932) reporta la siguiente descripción de un flujo de escombros que afectó al valle de Ulba durante la erupción de 1918. El torrente de lodo ha debido tener una consistencia muy espesa, por los bancos de tierra que dejó en los lugares algo planos y horizontales, y así en el valle superior del Ulva, pude ver después, depósitos de más de 10 metros de espesor, y ya cerca de la desembocadura en el Pastaza, fue cubierta por el lodo, una piedra muy conocida, que mIde más de 4 metros de alto Es claro que se trata de un flujo de escombros que, según las descripciones de Martínez, era el producto de la mezcla de material piroclástico con agua proveniente del río Ulba y de la fusión del glaciar que existía en la cumbre del volcán. Durante el presente período eruptivo (iniciado en 1999 y que continúa hasta la fecha ,se han producido innumerables flujos de lodo en las quebradas del flanco occidental del , así como en la quebrada de La Pampa del flanco noroccidental .  Estos flujos de pequeño tamaño son el resultado de la removilización del material volcánico depositado en los flancos superiores del edificio, por la acción del agua proveniente de las lluvias. Quebrada del flanco occidental del volcán Tungurahua, afectada por los flujos de lodo del presente período eruptivo. Antes de 1999, la quebrada tenía una profundidad de pocos metros.

Peligros:

La peligrosidad de estos fenómenos está determinada por el volumen de agua y de los materiales sueltos disponibles, de las pendientes y del encañonamiento de los valles. Las personas alcanzadas por un flujo de escombros tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir, por lo cual, durante una crisis volcánica se recomienda a la población que evite el fondo de las quebradas que bajan del volcán. Debido a su alta velocidad y densidad, los lahares pueden mover y aun arrastrar objetos de gran tamaño y peso, tales como puentes, vehículos, grandes árboles, etc. Las edificaciones y la vegetación que se encuentren a su paso serán destruidas o seriamente afectadas. En el caso del volcán Tungurahua, en especial el fondo de los valles de esta zona, pueden ser afectados por flujos de lodo y escombros en caso de una erupción importante del volcán o simplemente en caso de fuertes lluvias en la zona. En casi todos los sectores de mayor peligro, cuentan con un sistema de monitoreo de lahares, que permite dar  a las autoridades y a la población una alerta temprana (con algunos minutos de anticipación) con el fin de alejarse de las zonas peligrosas (el fondo de los valles). Estos sistemas han funcionado de forma muy confiable, permitiendo al Instituto Geofísico,  emitir las alertas tempranas la gran mayoría de las veces que han ocurrido lahares de consideración. A pesar de ello, en algunas ocasiones, por la falta de acatamiento a las indicaciones de las autoridades, conductores de vehículos han ingresado a las zonas de restricción durante la ocurrencia de lahares y han sufrido impactos de diferente magnitud.

 

d.    FLUJOS PIROCLÁSTICOS (NUBES ARDIENTES)


Definición:

Los flujos piroclásticos son mezclas muy calientes (varios cientos de grados centígrados) de gases, ceniza y fragmentos de roca, que descienden por los flancos del volcán, desplazándose a grandes velocidades (a veces más de 250 kilómetros por hora) y que ocurren generalmente en erupciones grandes y explosivas. Los flujos piroclásticos constan de dos partes: un componente inferior, muy denso, constituido por fragmentos de roca, que se desplaza por el fondo de los valles y quebradas; y, un componente lateral y superior, mucho menos denso pero más voluminoso, constituido por material de menor tamaño (ceniza) y gases, el cual puede sobrepasar los valles y alcanzar alturas importantes sobre su fondo e inclusive sobrepasar relieves importantes. En la erupción del volcán el Reventador, el 3 de noviembre del 2002, se generaron flujos piroclásticos que viajaron hasta 8 km desde el cráter y cuyas nubes de ceniza alcanzaron más de 1 000 m sobre el fondo de la caldera de este volcán. Dada la similitud entre el Reventador y el Tungurahua, es de esperar que en caso de una erupción altamente explosiva (VEI ≥ 3) en el Tungurahua, se generen flujos de estas características.

Historia:

Los flujos piroclásticos han sido un fenómeno extremadamente frecuente en el pasado reciente del volcán, como lo muestra N. Martínez (1932), testigo presencial de las erupciones de 1916-1918. Este geó- logo y montañista ambateño describe que: en el momento que empezaba a salir del cráter la inmensa columna, se derramó por todo el perímetro del cono visible desde aquí (Ambabaquí, Pelileo; 5 de abril de 1918), como de una inmensa caldera en ebullición, una  verdadera masa de vapores rojizos y de materiales al parecer sólidos e incandescentes, la cual cubrió por completo y en pocos instantes todo el cono hasta la base, dejándole completamente invisible. Esta narración muestra claramente que durante esta erupción, flujos piroclásticos originados por el desborde de material incandescente desde el filo del cráter se generaron en el Tungurahua y cubrieron gran parte de los flancos norte y occidental del volcán.

Peligros:

En el caso del Tungurahua, los flujos piroclásticos se originan por
1) el colapso de una columna eruptiva;
2) explosiones violentas que destruyen un tapón o un domo en el cráter
3) el desborde de material piroclástico sobre el filo del cráter (“boiling over”).
4) Un cuarto posible mecanismo de generación de flujos piroclásticos constituye el colapso de un frente de un flujo o domo de lava formado en el interior el cráter.
Los flujos piroclásticos producidos por los tres primeros mecanismos afectarían varios flancos del volcán, mientras que los flujos piroclásticos producidos por el colapso de un flujo o domo de lava, impactarían los flancos inmediatamente inferiores a dicho domo o flujo de lava, siendo en general el flanco occidental y noroccidental el más propenso a ser afectado por este fenómeno. Se estima que si el Tungurahua presenta erupciones de gran magnitud (VEI ≥ 3), las zonas más afectadas por estos fenómenos serían los flancos occidental y noroccidental, comprendidos entre Juive Grande al noroccidente y la confluencia de los ríos Puela y Chambo al suroccidente del volcán. Sin embargo, los valles de los ríos Vazcún y Ulba, en el flanco norte, constituyen también zonas de alto peligro, debido a que estos ríos descienden directamente de la cumbre del volcán. Las superficies de Runtún y Pondoa, por encontrarse alejadas del fondo de los valles, presentan ciertamente un peligro menor, pudiendo ser afectadas por estos fenómenos únicamente en caso de erupciones explosivas mayores (VEI > 3), en cuyo caso se generarían flujos piroclásticos muy móviles por el colapso de una columna de erupción.
 Los flujos piroclásticos son extremadamente peligrosos  debido a su gran movilidad, que les permite viajar distancias que se miden hasta en decenas de kilómetros, a sus altas velocidades (50 a 250 km/h) y a las altas temperaturas (350-1 000°C) en el momento de su emplazamiento. Se presenta un esquema de generación de un flujo piroclástico para el flanco norte del volcán (valle del río Vazcún), mostrando el tiempo aproximado que le tomaría a un flujo de este tipo en llegar al río Pastaza. La gente afectada por estos flujos tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir y, en el mejor de los casos, puede quedar seriamente herida. En las partes aledañas de un flujo de este tipo, la gente puede sufrir serias quemaduras, e inclusive morir por la inhalación de ceniza y/o gases calientes. Los objetos y estructuras que se hallen en su camino son destruidos o arrastrados por el impacto de escombros calientes y/o vientos huracanados asociados. La madera y otros materiales combustibles comúnmente se queman cuando entran en contacto con los bloques, bombas, ceniza y/o gases calientes que conforman los flujos piroclásticos. Debido a su capacidad devastadora, los flujos piroclásticos son considerados como el fenómeno volcánico más letal. Por estas razón. Depósitos de flujos piroclásticos de erupciones prehistóricas en el sector de Las Juntas. y por la incapacidad de determinar exactamente el momento de su generación, su extensión y su tamaño, su manejo en términos de evacuación poblacional es extremadamente difícil, pero necesariamente se debe considerar la salida temporal, con horas o días de anticipación, de las personas y animales que se encuentren en las zonas potencialmente afectadas, como una medida precautelatoria ante la peligrosidad del fenómeno pero también ante las grandes incertidumbres científicas existentes para su predicción.

 

e.    FLUJOS Y DOMOS DE LAVA


Descripción:

Los flujos de lava son derrames de roca fundida, originados en un cráter o en fracturas de los flancos del volcán, que descienden por las quebradas que allí se originan. Este fenómeno volcánico ocurre cuando el magma es poco viscoso (o, lo que es lo mismo, muy fluido), y por lo tanto la lava puede fluir por las pendientes del volcán. Las erupciones volcánicas de este tipo son poco explosivas, debido a que el contenido de gases del magma es bajo. Los flujos de lava pueden viajar ladera abajo desde unos pocos hasta varias decenas de kilómetros, desplazándose generalmente a bajas velocidades, del orden de decenas y raramente de centenas de metros por hora. Los domos son acumulaciones de lava, originados en un cráter ubicado en la cumbre o en los flancos superiores del volcán. Se forman cuando el magma es muy viscoso y por lo tanto tiene dificultar para fluir.


Historia:

Los flujos de lava han sido un fenómeno frecuente en la historia reciente del Tungurahua. Se estima que alrededor de 17 flujos de lava llegaron al pie del edificio en los ùltimos 3000 años. Generalmente se han presentado como el fenómeno final de un proceso eruptivo, como en las erupciones de 1773 y 1886 (Martínez, 1932). Se generaron grandes flujos de lava durante la primera etapa de construcción del cono actual del Tungurahua (Tungurahua III), los cuales se observan especialmente al pie norte del volcán en el sector de Las Juntas, Juive Grande y la planicie de Baños, ciudad que se encuentra construida sobre una serie de flujos de lava que descendieron desde la planicie de Pondoa y luego de oeste a este por el río Pastaza, hace 2 000 a 3 000 años antes del presente. Durante dichas erupciones la composición de estos flujos ha sido andesítica, que corresponde a lavas con una viscosidad moderada. A. Martínez (N. Martínez, 1932) describe como testigo presencial de la erupción del 25 de febrero de 1886, el flujo de lava que culminó con el proceso eruptivo: El volcán entró en un estado de actividad mucho mayor que al principio. La emisión de lava ya no era intermitente, sino que se había establecido una corriente continua, visible de día, por el reguero de vapores, y de noche por su iluminación. Un río de fuego bajaba incesantemente desde el borde del cráter, y, tomando la vía de Cusúa, se localizó el derrame solo a este punto.


Peligros:

Dada la morfología actual del cráter (con su parte noroccidental 200 m más baja que los otros bordes), se espera que los futuros flujos de lava se dirijan preferencialmente hacia el flanco occidental y noroccidental del volcán, que comprenden las áreas entre Juive Grande y Cusúa. A pesar de destruir completamente todo lo que encuentra a su paso, los flujos de lava raramente representan una amenaza para la vida humana, debido a la lentitud de su desplazamiento y a la posibilidad de predecir con bastante aproximación la dirección de su movimiento. Sin embargo, los flujos de lava pueden causar la destrucción total de los edificios, carreteras y otras obras de infraestructura que se encuentren a su paso. La única protección efectiva es la evacuación de las personas y animales horas o días antes de la llegada del flujo. Hay que anotar además que, en volcanes con pendientes muy importantes como el Tungurahua, el frente de un flujo (o un domo) de lava puede volverse inestable y colapsar generando pequeños flujos piroclásticos de  bloques y ceniza que descenderían por el flanco pendiente abajo del frente del flujo de lava.


f.    AVALANCHAS DE ESCOMBROS


Definición:

Las avalanchas de escombros son grandes deslizamientos que pueden ocurrir en un sector de un volcán, producidos por la inestabilidad de los flancos del mismo. Este tipo de fenómenos puede deberse al ascenso de gran cantidad de magma en el edificio volcánico, a un sismo de gran magnitud en las cercanías del volcán, o al debilitamiento de la estructura del volcán, inducida por ejemplo por la alteración hidrotermal. Este tipo de inestabilidad se ve favorecida cuando la altura del edificio volcánico llega a más de 3 200 m sobre su basamento. El colapso del edificio puede estar acompañado y seguido por actividad magmática, dado que este gran deslizamiento puede destapar súbitamente el conducto volcánico y generar explosiones de extrema violencia (“blast”) que producen flujos piroclásticos de gran magnitud y alto poder destructivo. El resultado de una avalancha de escombros es la formación de un anfiteatro de tamaño variable (caldera de avalancha como la del volcán Guagua Pichincha o de El Reventador). Los depósitos cubren áreas de considerable extensión (10-1 000 km2) con un manto de escombros y arrasan con todo lo que encuentren a su paso. La mayoría de estratovolcanes han sufrido, al menos una vez durante su historia geológica, un evento de este tipo, sin embargo, se debe recalcar que son eventos muy infrecuentes en el tiempo (aproximadamente un evento cada varios miles de años o más). Por otra parte, pequeñas avalanchas han  sido frecuentes durante los últimos milenios hasta inclusive el período histórico. Así, se ha identificado que la destrucción del borde del cráter ocurrió en los siglos sexto y séptimo d.C., así como también en 1640 y 1886 d.C. Estas pequeñas avalanchas producen brechas de bloques que pueden represar los ríos momentáneamente.


Historia:

Este tipo de fenómeno ha ocurrido, al menos en dos ocasiones en el Tungurahua. La última vez, hace
3100 años A.C., un cono anterior al edificio volcánico actual fue en gran parte destruido por un evento de este tipo. Los depósitos de esta avalancha rellenaron parcialmente los valles del río Chambo, alcanzando distancias de hasta 15 a 20 km desde la cumbre del volcán y alturas de hasta 400 metros sobre el nivel actual de los ríos (sector de Cotaló).


Peligros:

Dada la magnitud y violencia de las avalanchas de escombros, todo lo que encuentren en su camino va a ser destruido y, por lo tanto, las personas no tienen posibilidades de sobrevivir. Por esta razón, se recomienda la evacuación de las zonas potencialmente afectadas, si la información científica señala la posibilidad de ocurrencia de un evento de estas características en un futuro cercano. Se debe recalcar sin embargo, que se trata de un evento muy poco frecuente.


 

a.      FLUJOS PIROCLÁSTICOS (NUBES ARDIENTES)

 

Definición:

 

Los flujos piroclásticos son mezclas muy calientes (varios cientos de grados centígrados) de gases, ceniza y fragmentos de roca, que descienden por los flancos del volcán, desplazándose a grandes velocidades (a veces más de 250 kilómetros por hora) y que ocurren generalmente en erupciones grandes y explosivas. Los flujos piroclásticos constan de dos partes: un componente inferior, muy denso, constituido por fragmentos de roca, que se desplaza por el fondo de los valles y quebradas; y, un componente lateral y superior, mucho menos denso pero más voluminoso, constituido por material de menor tamaño (ceniza) y gases, el cual puede sobrepasar los valles y alcanzar alturas importantes sobre su fondo e inclusive sobrepasar relieves importantes. En la erupción del volcán el Reventador, el 3 de noviembre del 2002, se generaron flujos piroclásticos que viajaron hasta 8 km desde el cráter y cuyas nubes de ceniza alcanzaron más de 1 000 m sobre el fondo de la caldera de este volcán. Dada la similitud entre el Reventador y el Tungurahua, es de esperar que en caso de una erupción altamente explosiva (VEI ≥ 3) en el Tungurahua, se generen flujos de estas características.

 

Historia:

 

Los flujos piroclásticos han sido un fenómeno extremadamente frecuente en el pasado reciente del volcán, como lo muestra N. Martínez (1932), testigo presencial de las erupciones de 1916-1918. Este geó- logo y montañista ambateño describe que: en el momento que empezaba a salir del cráter la inmensa columna, se derramó por todo el perímetro del cono visible desde aquí (Ambabaquí, Pelileo; 5 de abril de 1918), como de una inmensa caldera en ebullición, una  verdadera masa de vapores rojizos y de materiales al parecer sólidos e incandescentes, la cual cubrió por completo y en pocos instantes todo el cono hasta la base, dejándole completamente invisible. Esta narración muestra claramente que durante esta erupción, flujos piroclásticos originados por el desborde de material incandescente desde el filo del cráter se generaron en el Tungurahua y cubrieron gran parte de los flancos norte y occidental del volcán.

 

Peligros:

 

En el caso del Tungurahua, los flujos piroclásticos se originan por:

1) el colapso de una columna eruptiva;

       2) explosiones violentas que destruyen un tapón o un domo en el cráter

       3) el desborde de material piroclástico sobre el filo del cráter (“boiling over”).

     4) Un cuarto posible mecanismo de generación de flujos piroclásticos constituye el colapso de un frente de un flujo o domo de lava formado en el interior el cráter.

Los flujos piroclásticos producidos por los tres primeros mecanismos afectarían varios flancos del volcán, mientras que los flujos piroclásticos producidos por el colapso de un flujo o domo de lava, impactarían los flancos inmediatamente inferiores a dicho domo o flujo de lava, siendo en general el flanco occidental y noroccidental el más propenso a ser afectado por este fenómeno. Se estima que si el Tungurahua presenta erupciones de gran magnitud (VEI ≥ 3), las zonas más afectadas por estos fenómenos serían los flancos occidental y noroccidental, comprendidos entre Juive Grande al noroccidente y la confluencia de los ríos Puela y Chambo al suroccidente del volcán. Sin embargo, los valles de los ríos Vazcún y Ulba, en el flanco norte, constituyen también zonas de alto peligro, debido a que estos ríos descienden directamente de la cumbre del volcán. Las superficies de Runtún y Pondoa, por encontrarse alejadas del fondo de los valles, presentan ciertamente un peligro menor, pudiendo ser afectadas por estos fenómenos únicamente en caso de erupciones explosivas mayores (VEI > 3), en cuyo caso se generarían flujos piroclásticos muy móviles por el colapso de una columna de erupción.

 Los flujos piroclásticos son extremadamente peligrosos  debido a su gran movilidad, que les permite viajar distancias que se miden hasta en decenas de kilómetros, a sus altas velocidades (50 a 250 km/h) y a las altas temperaturas (350-1 000°C) en el momento de su emplazamiento. Se presenta un esquema de generación de un flujo piroclástico para el flanco norte del volcán (valle del río Vazcún), mostrando el tiempo aproximado que le tomaría a un flujo de este tipo en llegar al río Pastaza. La gente afectada por estos flujos tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir y, en el mejor de los casos, puede quedar seriamente herida. En las partes aledañas de un flujo de este tipo, la gente puede sufrir serias quemaduras, e inclusive morir por la inhalación de ceniza y/o gases calientes. Los objetos y estructuras que se hallen en su camino son destruidos o arrastrados por el impacto de escombros calientes y/o vientos huracanados asociados. La madera y otros materiales combustibles comúnmente se queman cuando entran en contacto con los bloques, bombas, ceniza y/o gases calientes que conforman los flujos piroclásticos. Debido a su capacidad devastadora, los flujos piroclásticos son considerados como el fenómeno volcánico más letal. Por estas razón. Depósitos de flujos piroclásticos de erupciones prehistóricas en el sector de Las Juntas. y por la incapacidad de determinar exactamente el momento de su generación, su extensión y su tamaño, su manejo en términos de evacuación poblacional es extremadamente difícil, pero necesariamente se debe considerar la salida temporal, con horas o días de anticipación, de las personas y animales que se encuentren en las zonas potencialmente afectadas, como una medida precautelatoria ante la peligrosidad del fenómeno pero también ante las grandes incertidumbres científicas existentes para su predicción.

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